Un marinero portugués varado en Japón, dibujado dos veces
En «Nanbanjin», el historietista franco-portugués Cyril Pedrosa y el mangaka japonés Taiyō Matsumoto cuentan cada uno su propia versión de la misma historia, reunidas en un solo álbum, según Le Temps.

La obra, reseñada por Le Temps, reúne dos versiones de un mismo relato: una firmada por Cyril Pedrosa, la otra por Taiyō Matsumoto. Ambas siguen a Fernando, un niño pelirrojo descrito como sensible y amante de los animales, a quien años bajo el cuidado de sacerdotes severos, marcados por palizas, convirtieron en un asesino impávido. Termina embarcado en un navío portugués entre lo que el álbum llama «malos cristianos pero hábiles mercaderes».
Una noche, en el mar de China, unos piratas atacan el barco. Herido, Fernando cae por la borda. El mar embravecido lo arrastra hasta una playa en Japón, donde el viejo recolector de almejas Shobei lo encuentra inconsciente y lo lleva a su casa. Pese a la barrera del idioma, surge una amistad entre el mercenario caído y su salvador.
Llevando una vida sencilla y rural, el «nanbanjin» —el extranjero, en japonés— alcanza una forma de paz interior, pese a sombras amenazantes, como dos jinetes que lo espían. Traba amistad con Toramaru, un temible samurái reconocible por su estola de zorro, y con Kumagiku, una «miko», sacerdotisa sintoísta itinerante y ocasional prostituta. A cambio de la hospitalidad de Shobei, Fernando le devuelve el amor por el mar, que le ha «dado mucho» pero también le quitó a su hijo.
Para evitar quedar atado como intérprete al servicio del señor local, «Felunando», ya reconciliado consigo mismo, termina volviendo a hacerse a la mar. Le Temps describe el álbum como un relato de aventuras que se toma su tiempo para ser contemplativo.
Fuentes
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